Acerca de Feminismos y Educación. El movimiento del año 2018

El año 2018 significó una eclosión del movimiento estudiantil feminista que trajo consigo una mayor visibilización y problematización del continuo de desigualdad, marginalización y violencia naturalizada en nuestra sociedad. Este movimiento tiene sus antecedentes en los procesos de reflexión y verbalización hegemónicos en que la sociedad se ha construido históricamente, es decir, desde una mirada masculina, blanca y heterosexual, lo cual redunda en una verticalización de las relaciones sociales donde lo femenino ha sido relegado a un segundo plano de la escena social.

Esta construcción de la sociedad interpela de manera transversal a toda la ciudadanía. Si bien es cierto que hay quienes detentan una posición de privilegio, es necesario destacar, que la expresión de estas narrativas atraviesa, en mayor o menor medida, a todas las subjetividades; esto significa que cada persona, en algún momento ha ejercido y recibido expresiones de violencia. Sin embargo, estos ejercicios y recepciones se distribuyen de manera desigual ya que las voces y posiciones masculinas han construido un pedestal de privilegios que poco a poco han comenzado a cuestionarse. En este contexto, cabe destacar que la responsabilidad de la reorganización de una sociedad erigida por voces masculinas ha estado guiada desde el empoderamiento disidente, desde estas otras voces se han construido una serie de cuestionamientos a la matriz patriarcal hegemónica de nuestras sociedades.

Una de estas voces corresponde al movimiento estudiantil feminista que durante el año 2018 puso en tela de juicio la cultura patriarcal que ha teñido el espacio académico durante décadas. Asimismo contribuyó a mirar de manera más compleja las brechas de género existentes en la sociedad chilena y a avanzar hacia un abordaje de las diferencias de género de manera más profunda que las expresiones más superficiales -aunque no por ello triviales- como la valoración diferencial del trabajo, donde hasta el día de hoy los hombres tienen más y mejores oportunidades y remuneraciones por el empleo de su fuerza de trabajo; este abordaje ha buscado reflexionar en torno a las formas de subjetivación y de socialización de cada persona de esta sociedad.

Posiblemente uno de los elementos más distintivos del movimiento estudiantil feminista del año 2018, fue la disputa por transformar a la universidad en un espacio seguro y con una efectiva valoración de las diversidades de género, de respeto e inclusión que a fin de cuentas logre superar el continuo flujo de violencia que atraviesa a la sociedad en su conjunto. Dentro de este marco, es de particular interés la autogestión de espacios seguros y por sobre todo, la definición de instancias de autodeterminación subjetiva que lograron articularse en el marco de las movilizaciones.

Estos espacios originados en las asambleas separatistas fueron particularmente interesantes puesto que lograban construir una especificidad organizativa que buscó desmasculinizar los espacios de organización política al interior de las universidades. Evidentemente estas acciones no estuvieron exentas de tensiones y roces, tanto por quienes quedaron fuera de estos espacios, como por las disputas que se dieron al interior de éste. Sin embargo, es importante destacar que el mero hecho de lograr la articulación de dichos espacios es un paso que aporta a una organización movimental que contribuye a la problematización de los constructos desiguales y violentos aun enquistados dentro de la sociedad.

¿Deseas continuar leyendo? Clickea el siguiente link: Revista Reflexiones Feministas – No. 1. Aquí podrás encontrar una interesante profundización sobre lo que nos plantean las movilizaciones feministas del año 2018.

Autora fotografía: Macarena Cifuentes

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