Las zonas de sacrificio. De territorialidades y sufrimiento ambiental

Acerca de las zonas de sacrificio

Mejillones, Tocopilla, Huasco, Quintero-Puchuncaví y Coronel. Cinco territorios ubicados en lugares diferentes del país que se encuentran afectados por un denominador común: la devastación brutal del entorno que los rodea. Debido al desarrollo descontrolado de distintas áreas industriales, las vidas de las personas que allí habitan transcurren situadas al lado de aquellos vecinos tóxicos. Estos cinco territorios son las primeras Zonas de Sacrificio identificadas en Chile.

Pero ¿qué es una Zona de Sacrificio? Numerosas organizaciones y personas han desarrollado definiciones al respecto. Por ello, no es necesario volver a inventar el hilo negro creando una nueva definición. La Fundación Terram, por ejemplo, señala que son aquellos territorios devastados ambientalmente por causa del desarrollo industrial[1]. El Cabildo Abierto de Quintero-Puchuncaví diría que son, además, territorios que han sido dejados en el olvido por los aparatos estatales de gobierno. Lo común en estas definiciones es que la situación de devastación ambiental termina por fracturar las vidas individuales y colectivas de las personas que allí viven, teniendo implicancias fundamentales en términos de negar Derechos Humanos básicos como: el derecho a la vida, a la salud, a la educación, al trabajo, a la alimentación, a la vivienda, a un medio ambiente libre de contaminación, entre otros.

En estos territorios el daño ambiental ha significado, por tanto, un sufrimiento ambiental tremendo para quienes –ya sea por opción o por obligación– continúan viviendo en las Zonas de Sacrificio[2]. Los padecimientos no ocurren tan solo en situaciones agudas como los ‘peaks’ de contaminación que envían a miles de niñas, niños y jóvenes a hospitales –tal como ocurrió en Quintero durante el 2018–; también afectan silenciosamente a todas las personas que viven en aquellos lugares. Si la contaminación es ambiental, los elementos nocivos se respirarán día a día; si la contaminación es hídrica, morirá la flora y fauna que producto del calentamiento y polución de las aguas década tras década.

En contextos así, una de las únicas formas de continuar viviendo en un territorio catalogado como Zona de Sacrificio es la habituación a la contaminación por parte de las personas que viven en ella. Esta situación genera respuestas laxas por parte de los gobiernos locales (Municipios), regionales (Intendencias) y centrales (Ministerios y Poder Ejecutivo), las cuales se mueven en tiempos extremadamente retardados: en el intertanto, muchas personas más morirán de cáncer producto de los contaminantes, al igual que otras tantas se irán de sus hogares para no volver. Por ello, en distintos lugares se han desarrollado importantes encuentros movimentales de personas afectadas para realizar exigencias de mejores vidas. Algunas de ellas disputan de manera directa el sufrimiento ambiental que han vivido a lo largo del tiempo, articulando la rabia en acciones que lograron visibilizar en la agenda nacional sus demandas y sus resistencias.

¿Deseas continuar leyendo? Clickea el siguiente link: Revista Praxis y Territorio – No. 1. Aquí podrás encontrar un acercamiento a lo que son las cinco zonas de sacrificio recién mencionadas.

Autor fotografía: Gonzalo Peña

[1] Véase obra de Debóra Swinstun y Javier Auyero: Inflamable. Estudio del sufrimiento ambiental.

[2] Véase documento disponible en: https://www.terram.cl/2016/02/infografias-conoce-las-zonas-de-sacrificio-ambiental-del-pais-2.

Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on twitter
Twitter
Share on print
Imprimir
Cerrar menú
×
×

Carrito